El revés de la publicidad

Publicado: diciembre 29, 2010 en consumo, felicidad, Medios de comunicación, publicidad
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Vivimos tan inmersos en los discursos mediáticos que ni nos damos cuenta de lo engañados que estamos. El otro día pregunté en clase cuántos alumnos pensaban que cuanto más dinero más felicidad y, sin dudarlo, TODOS levantaron la mano. Se justificaban en que el mundo está hecho para ser comprado y que todo bien lo que puedas comprar te garantiza su disfrute y, por ende, tu felicidad.

Frank Herbert en una de sus novelas de Dune escribe: “El dinero puede dar la libertad, pero el camino para conseguirlo esclaviza”. Se puede hacer un claro paralelismo con la tan manida ecuación entre dinero y felicidad.

El problema de la publicidad no es que traten de engañarnos para que elijamos tal o cual producto. Eso lo sabe hasta un niño de cinco años. El problema es que por su implantación en todos los ámbitos de la vida (TV, radio, vallas, series, cine, camisetas, gorras, sudaderas…) apenas descansamos del bombardeo. ¿Cuántos minutos al día podemos estar sin ver una sola marca?

El mayor triunfo de la publicidad es insertar sus productos como dinámica social de relación entre individuos. Dicho de otra forma, que podemos comprar los signos sociales con los que diferenciarnos. La publicidad no nos vende productos, nos vende sensaciones, signos de prestigo, de belleza, de juventud… Un coche de la marca X no es un vehículo, es “lo que llevan los jóvenes marchosos” o “un claro signo de elegancia y distinción de quien lo conduce”. Un desodorante no es un olor, sino un potente imán para mujeres o una agradable sensación de juventud…

Podemos comprar nuestra vida. El éxito de la publicidad es nuestra colaboración. Un anuncio nos puede tratar de engañar afirmando que un coche es en realidad un imán para las mujeres porque es un signo de estilo. Pero la efectividad del anuncio aparece cuando canaliza una dinámica social de diferenciación: Somos los ciudadanos los que usamos los productos para definir nuestro propio estilo y es la sociedad en conjunto la que reconoce (aconsejada por la publicidad) que tal marca de coche es estilosa, ¿quién conduce ese descapotable negro? Es más posible que nos volvamos intrigados para ver de quién se trata que si hubiéramos escuchado ¿quién va dentro de ese utilitario anodino?

Hay interesantes proyectos en la red como ConsumeHastaMorir que, parodiando la publicidad, ofrencen interesantes reflexiones sobre estos mecanismos de engaño. En este blog trataremos de seguir desenmascarando estos discursos mediáticos de la publicidad y otros…

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