El revés de la publicidad (2)

Publicado: diciembre 30, 2010 en consumo, economía, felicidad, Medios de comunicación, publicidad
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Comprar para ser feliz, comprar para definir nuestra personalidad, comprar para contribuir a la economía del país, comprar para sentirse bien, comprar un regalo como muestra de afecto… Hay que desenmascarar estas construcciones artificiales que se hacen pasar por naturales.

  • Comprar para ser feliz y definir nuestra personalidad: En su magnífico libro Del tener al ser Erich Fromm reflexiona ya en 1976 sobre la necesidad de buscar los valores interiores (algo que está muy de moda ahora entre algunos autores new age). En este ensayo Fromm opone el consumismo moderno como tarea de acumulación inagotable de objetos, a una vida más centrada en la conquista de un modo de ser. Si acumular objetos  diera la felicidad, no sería una búsqueda inagotable. Simplemente hay que pensar: Cuando llevamos tiempo ahorrando para comprar algo y finalmente lo compramos, ¿cuánto dura la sensación de felicidad al usarlo?
  • Comprar para contribuir a la economía del país. ¿A la economía de quién? ¿Del banco? ¿De las grandes empresas? No se me escapa que hay un ciclo que relaciona consumo y empleo. Un ciclo que funciona perfectamente cuando nos convencemos del punto anterior, esto es, que necesitamos consumir para vivir. Comer sí, claro, ropa, un lugar donde vivir… De acuerdo. ¿Pero consumir al ritmo actual? ¿Ha contribuido a la economía de los países el voraz ritmo de consumo? Quizás tenga algo que ver con la crisis actual… -Sobre esto se puede leer un fantástico artículo que Nicolas Ridoux escribió hace tiempo en El País-. Y hasta ahora la mayoría de las soluciones que hemos visto van de la mano de reactivar el consumo, es decir, de que huyamos de nuestro ser y tratemos de definirnos mediante lo que acumulamos. ¿No resulta absurdo?
  • Comprar para sentirse bien: Imaginemos un animal o un insecto, por ejemplo una hormiga, cuya vida consiste en acumular, en rodearse de todo lo que necesita para vivir. Pero resulta que aunque haga uso y disfrute de todo lo que va acumulando, necesita acumular cada vez más cosas porque piensa que si las que tiene le hacen sentirse bien, con más cosas se sentirá todavía mejor. ¿No nos parecería absurdo que hipotecara gran parte de su vida acumulando y acumulando para luego poder disfrutar de ello en su vejez?
  • Comprar un regalo como muestra de afecto: Aniversarios, cumpleaños, Navidad, día de los enamorados, amigo invisible, detalles… ¿Cómo es posible que hayamos llegado a identificar un objeto material como muestra de afecto?

Se me vienen a la cabeza dos grandes películas que parodian muy bien todas estas actitudes. De Concursante de Rodrigo Cortés, colgué una escena en un post anterior, la película está rodada un poco a ritmo de videoclip, pero ofrece unas reflexiones muy interesantes. Y la otra película es El invisible Harvey de Henry Coster, sobre un individuo que parece estar loco (ve a un invisible conejo gigante) pero resulta ser mucho más feliz y tener unos planteamientos más sanos que la gente que tiene al rededor.

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comentarios
  1. pr0m3t3us dice:

    Completamente de acuerdo con vosotras, Paula y Missocky. Lo malo muchas veces el trato con personas que siguen identificando dinero y cariño; pues, cuando reciben un regalo en el que no hemos gastado dinero, lo ven como un bonito gesto, pero siguen pensando que no hemos querido “invertir” demasiado en ellos porque no les apreciamos lo suficiente.

  2. misssocky dice:

    Los bienes materiales no te hacen feliz para siempre.Puede que te sientas algo contento cuando lo compras pero después está ahí… Lo que más le hace a uno feliz es pasar buenos momentos con la gente que te quiere , hacer cosas que te gustan ..etc.

  3. Paula dice:

    Me parece muy sabio eso que dices de “comprar un regalo como muestra de afecto”, y más en el día en el que estamos, 6 de Enero.

    Mi familia, mi chico y yo no nos hacemos regalos por Navidad, y la gente de mi trabajo se pregunta cómo podemos ser tan raros.

    A mi juicio, es mayor la sorpresa de recibir un regalo sin esperarlo. Pero nos han creado esa necesidad de comprar, que la gente ya no sabe ni lo que compra, lo importante es quedar bien en Navidad.

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